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Sitio
Patrimonio Artístico
Autoría es exactamente
Jacinto de Espinosa, Jerónimo
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Concepción niña
María, de pie, con los brazos abiertos y sin los atributos que caracterizan este tipo iconográfico a excepción de la media luna situada a sus pies; sobre su cabeza, la paloma del Espíritu Santo. Representada como una niña según las recomendaciones tridentinas, difundidas en España por Francisco Pacheco, ataviada a la usanza sevillana de principios del siglo XVII, con túnica rosa y manto azul oscuro, tal y como aparecían en las representaciones de la Inmaculada del primer barroco. A su alrededor numerosos ángeles niños, de marcada corporeidad, en distintas posturas. Marco muy barroco de caprichoso trazado mixtilineo para esta pintura de equilibrada composición y austera elegancia. -
José Sanchis
Retrato de cuerpo entero con hábito de mercedario. Se apoya en un bastón y sostiene un breviario encuadernado en tela y cerrado con lazos. En la parte superior derecha, en alto, aparece el emblema de la Merced como escudo prelaticio y detrás, en un paisaje de cielo crepuscular, la silueta de la torre campanario y convento de la Merced en Valencia, que le sirven de fondo de discreto y suave colorido que hace resaltar los bellos tonos blanco- amarillentos del hábito, intensamente iluminados, que se distribuye en pliegues amplios y severos. El rostro, de mirada penetrante y delicadas carnaciones, adopta un noble y sereno distanciamiento. Atribuida por Pérez Sánchez a Jerónimo Jacinto de Espinosa, es una pintura de gran elegancia y refinamiento, que demuestra la captación de la psicología del personaje por parte del pintor, que ha sabido sacar partido de las convenciones de la retratística de la época para desarrollar una obra maestra. A sus pies, cartela con inscripción. Fray José Sanchís (1622-1694), docto teólogo, fue general de su orden, arzobispo de Tarragona y benefactor del Monasterio del Puig. -
Inmaculada Concepción
La Inmaculada, inspirada en el prestigioso tipo Juanesco, aparece de pie, en posición frontal, coronada con doce estrellas, las manos juntas y sobre la media luna. Sobre su cabeza desciende la paloma del Espíritu Santo. A ambos lados, los ángeles que le acompañan portan los símbolos que definen su concepción inmaculada, creada antes de los tiempos; la descripción de sus virtudes a través de elementos extraídos en gran parte del Cantar de los Cantares, también de otros textos bíblicos, que quedarán codificados en la Letanía Lauretana: el tallo de azucenas que aludía a la pureza virginal de María (LILIUM INTER ESPINAS), la rosa, el espejo, o las referencias a la Ciudad de Dios (Civitas Dei) recogidas en el paisaje y simbolizada a través de la representación idealizada de la ciudad de Valencia donde se adivinan algunos de sus monumentos.









